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Todo es terreno fértil. Los momentos que definimos como adversos en nuestro día a día pueden impulsarnos para realizar cambios muy necesarios. Veamos algunos consejos para reconocer estas oportunidades y fomentar el entusiasmo y la alegría.

 

Es difícil pensar en la paz y la felicidad cuando el mundo tiembla constantemente bajo nuestros pies, cuando la vida nos presenta frente a nosotros, una y otra vez, ya no la ausencia de aquello de que deseamos, sino la presencia de lo indeseable. La investigación científica de la emoción (Mauss et al., 2012) sugiere que cuando perseguimos la felicidad en momentos en los que esta no es una respuesta adecuada, incluso puede aumentar nuestro estrés y percibir subjetivamente que los periodos de desesperación son más largos.

Entonces ¿qué podemos hacer para percibir el entusiasmo y la alegría en tiempos de dificultad?

3 formas de crecer hacia la alegría

1-. Tener presencia:

No estamos acostumbrados a tener un estado de presencia. Más bien nos giramos rápidamente hacia la huida y ausencia de nuestros propios procesos internos. Emociones como el miedo, la tristeza o la rabia generan en nosotros sensaciones físicas desagradables que nos resistimos a sentir. Las emociones son información que nos indica que está sucediendo momento a momento. Permitir estas emociones en nuestro interior crea el espacio necesario para la evaluación personal, lo que a su vez abre la puerta a que surjan nuevos conocimientos. Solamente desde el estado de presencia con aceptación podré movilizar las herramientas internas que necesito para afrontar un determinado momento adverso.

Darse tiempo para sentir-se es esencial. En ese espació se da el conocimiento de patrones reactivos involuntarios automáticos, no adaptativos generalmente, que proponen conductas que repetitivamente nos conducen al conflicto. En ese espacio entre el estímulo y la respuesta o actuación a dicho estímulo reside nuestra libertad de elección, que siempre, siempre, siempre está disponible.

En nuestra formación MBSR Programa de reducción de Estrés basado en Mindfulness te facilitaremos de una manera sencilla, todos los pasos de regulación emocional y algunas herramientas sencillas de afrontamiento de las dificultades. Puedes informarte sobre ello aquí.

2-. Reconoce lo que necesitas.

Madurez es saber que es beneficioso para uno mismo a largo plazo. Es francamente importante estar en contacto con nuestras necesidades reales. Una vez detectadas es necesario y muy sano psicológicamente la toma de decisiones, el diseño de una salida intencionada de la dificultad, que además nos brindará fuerza para realizar cambios. Las dificultades son terreno fértil que propician cambios, que cambian radicalmente nuestra perspectiva, que nos empujan a dar forma a una realidad que podemos afrontar con formas que antes estaban ausentes. Todo esto comienza con el reconocimiento de los patrones anticuados, reactivos, caducos y la apertura, desde la presencia a soluciones intuitivas y creativas más efectivas. La presencia, la escucha interior, la reflexión aportan esta creatividad e intuición.

3-. Flexibilidad, que no autoindulgencia.

Los momentos de adversidad, trabajados desde la presencia, nos ayudarán a desarrollar sabiduría interna; no conceptual, sino genuina. Aumentará nuestros puntos de vista, nos volverá por ende más empáticos, expandirá nuestra inteligencia emocional y nos dirigirá a lo que se conoce como flexibilidad emocional: mayor resiliencia. Esto es, la manera efectiva en la que afrontamos las dificultades.

Esta sabiduría interna nos aportará una comprensión rica de la naturaleza efímera de nuestras emociones y pensamientos. Veremos que todos esos pensamientos y emociones con los que nos involucramos en un momento dado se disipan con la misma facilidad que llegan si no les prestamos más atención que la necesaria para que nos informen sin que nos determinen. También comprenderemos que las experiencias placenteras son igual de fugaces. Con esta conciencia vamos a poder mejorar en la valoración de nuestro tiempo y organizar nuestras vidas con más intencionalidad. Estos momentos difíciles nos prestan la oportunidad de apreciar lo que es beneficioso para nuestras vidas, saborear la sabiduría restante y poder proyectar y crear en el futuro.

 

No existe un plan para superar las dificultades. Cada una viene con su grado propio de infortunio y dolor, y cada uno, en cada momento deberá procesarlos de la manera más sabia. Pero esta manera, una manera que nos haga sentirnos empoderados, capaces de nosotros mismos, optimistas en el sentido de saber que venga lo que venga, soy capaz de sostenerlo y enfrentarlo, pasa necesariamente por la presencia y regulación emocional. El descubrimiento de este proceso se transforma en alegría y entusiasmo ante la vida, una vez hemos probado por varias ocasiones, que la presencia y la regulación emocional, no exentas de algo de esfuerzo y compromiso por nuestra parte, son normalmente la única píldora que nos va a acercar a felicidad. No hay milagros (habitualmente) pero sí mucha capacidad innata que podemos aprender a dominar.

Tanto el entrenamiento en mindfulness como la práctica de la meditación son excelentes técnicas para apropiarnos de nosotros mismos y no ser velas al viento de la tempestad cotidiana.

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