Tu ritmo cardíaco se acelera … tu presión arterial se eleva … tu respiración se hace poco profunda … las palmas de tus manos comienzan a sudar … tu mente comienza a girar … ¿te suena familiar? Estos son los síntomas normales de la respuesta aguda al estrés comúnmente conocida como lucha y huida.

Las siguientes dos cosas que digo no debe sorprenderte:

  1. Nuestra cultura está estresada.
  2. El estrés es algo malo.

Es comúnmente conocido que el estrés es increíblemente destructivo de muchas maneras, por eso hay en el mercado miles de libros anti-estrés, programas, clases y entrenamientos…

Pero las situaciones estresantes no son el verdadero problema que nos conduce a entrar en modo de lucha y huida. El problema es que la lucha y la huida no sólo se activan durante los momentos de estrés. Se inician en cualquier momento que experimentamos una amenaza o estrés percibido. La palabra clave es “percibido”. No sólo cuando lo estamos experimentando.

Hay cosas estresantes que suceden todo el tiempo en la vida. Es nuestra reacción a los eventos externos que a menudo causan la mayor dosis de estrés. Pero ¿Por qué reaccionamos exageradamente y, a su vez, creamos más estrés para nosotros mismos?

Los orígenes de la lucha y huida

La respuesta se remonta hace miles de años, a los días de las cavernas; La respuesta de lucha y huida es una respuesta primitiva que se encuentra instalada en nuestros cerebros. Originalmente fue diseñada para asegurarnos de estar alerta y atentos durante tiempos de peligro o amenaza. Para mantenernos protegidos. Por ejemplo, cuando un león aparecía mientras recogíamos frutos secos y bayas, la respuesta se pondría en marcha para darnos una oleada de energía y que pudiéramos salir del peligro rápidamente.

Esto fue muy útil cuando nos encontrábamos con animales salvajes regularmente, pero la vida moderna no nos enfrenta con estas situaciones peligrosas todos los días. La respuesta, sin embargo, sigue golpeando a diario, a pesar de la carencia de peligro de animales salvajes. Hoy en día, la misma respuesta de lucha o huida se activa cada vez que experimentamos una amenaza o estrés percibido. Por ejemplo ahora el león es mi madre, mi pareja, mi jefe…

¿Qué sucede biológicamente durante la lucha y huida?

Nuestra fisiología reacciona a este inicio de estrés activando el sistema nervioso simpático y liberando las hormonas del estrés -incluyendo la adrenalina y el cortisol- que, una vez más, pueden ayudarnos a estar alertas y atentos durante tiempos de peligro.

Lo que sucede es que no es tan útil en la vida cotidiana, y sucede casi todo el tiempo causando:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca
  • Aumento de la presión arterial
  • Respiración rápida
  • Liberación de las hormonas del estrés
  • Inmunidad debilitada
  • Adherencia de plaquetas
  • Mentes y cuerpos menos eficientes

Lucha y huida en el mundo moderno

¿Con qué frecuencia crees que experimentas la lucha y huida en tu día a día? Observa el cumplimiento de los plazos de pagos, las decisiones, el tráfico, las relaciones, los conflictos, las dificultades financieras, los nervios y cualquier otro evento de estrés que le suceda cada día, tanto grande como pequeño, real y percibido.

Estamos sumidos en el modo de lucha y huida en un promedio de entre 8 y 15 veces al día. Nuestras hormonas del estrés están siendo lanzadas en nuestro torrente sanguíneo una vez cada dos o tres horas cada día, con diversos grados y menudo no nos damos cuenta de lo mucho que nos afecta.

Combatiendo la lucha y huida

En Occidente, estamos comenzando a utilizar un cierto tipo de meditación para el manejo del estrés, lo cual tiene sentido porque los occidentales estamos mucho más estresados ​​que otras partes del mundo, trabajando duro y deseando cada vez tener más y más. Para reducir el estrés necesitamos herramientas y técnicas de gestión del estrés ahora más que nunca. Las prácticas de atención plena, como la meditación, son formas eficaces de lidiar con el estrés.

Durante la meditación, nuestros cuerpos cambian a un estado de conciencia relajante, donde podemos ver y sentir lo contrario de lo que sucede durante esa respuesta de lucha y huida:

  • La frecuencia cardíaca se ralentiza
  • La presión arterial se normaliza
  • La respiración se ralentiza y se calma
  • Las hormonas de estrés se calman y reducen
  • La sudoración se normaliza
  • La inmunidad se fortalece porque nuestro cuerpo ha tenido la oportunidad de rejuvenecer

La meditación reduce los niveles de cortisol y tiene el poder de revertir los subproductos del estrés.

Dado que nuestras reacciones a los eventos externos son lo que a menudo nos causan las dosis más grandes de estrés, capacitar proactivamente a nuestro cerebro para ser no reactivo es una de las mejores cosas que podemos hacer para controlar los niveles de estrés. Cuando practicamos la atención plena, estamos en modo de observación. Ser consciente es el acto de curarse y observar lo que está sucediendo en lugar de reaccionar a ello. Elimina el tiempo de reacción a eventos externos y lo reemplaza con una dosis de curiosidad no crítica.

Mindfulness y Meditación

La meditación es la herramienta más estudiada para mindfulness. Pero el objetivo de la meditación no es crear una ventana de paz y conciencia de momento presente en su día. El propósito es poder cultivar sentimientos de paz, atención y quietud, y llevarlos consigo a sus trabajos, a sus relaciones y a sus comunidades … Se aportar la paz, la sabiduría y la conciencia que se cultivan durante la meditación en cada parte de tu vida.

La meditación no es en modo alguno una cura para el estrés, y no eliminará el estrés de tu vida. Pero te ayudará a responder, en vez de reaccionar, en situaciones estresantes, lo cual hará todo más fácil. Nuestro curso de Mindfulness: Reducción de Estrés y Gestión Emocional busca ayudarte a identificar todos estos patrones de lucha y huida, automatismos y “percepciones sobredimensionadas”, y te acompañamos de manera individual en el proceso. Hoy puedes comenzar a mejorar tu salud, tu trabajo, tu bienestar…

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